Mostrando entradas con la etiqueta libros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta libros. Mostrar todas las entradas

lunes, 19 de diciembre de 2016

ALARGANDO LA ESCALA DE RICHTER

Estos días nuevamente la tierra ha vuelto a temblar en mi ciudad. Muchos hablan de la magnitud de los sismos: de la escala de Richter.
Antes de todo, un pequeña precisión sobre la escala de Richter:

Esta escala es "abierta", de modo que no hay un límite máximo teórico, salvo el dado por la energía total acumulada en cada placa, lo que sería una limitación de la Tierra y no de la Escala.
Teóricamente en esta escala pueden darse sismos de magnitud negativa, lo que corresponderá a leves movimientos de baja liberación de energía.

A propósito de esto, y habiéndome preguntado un amigo sobre la posibilidad de un terremoto de magnitud mayor a diez en dicha escala, comparto con uds un texto que forma parte del libro “Qué pasaría si..” de autoría del  Físico y divulgador Randall Munroe.  En dicho libro el autor recoge y responde con ciencia y un toque de gracia a variadas preguntas hechas en su blog “xkcd”. 
La pregunta con su respuesta y gráficos, a continuación.

¿Qué pasaría si un terremoto de magnitud 15 en la escala de Richter tuviera lugar en Estados Unidos? ¿Y uno de magnitud 20 en la escala de Richter? ¿Y de magnitud 25?
……………………………………………….

La Escala de Richter, que técnicamente ha sido reemplazada por la escala de «magnitud del momento», mide la energía liberada por un terremoto. Es una escala ilimitada, pero como normalmente escuchamos noticias de terremotos con clasificaciones de 3 a 9, mucha gente probablemente piense que el máximo es 10 y el mínimo 1.
De hecho, 10 no es el máximo de la escala, pero bien podría serlo. Un terremoto de magnitud 9 ya altera de forma perceptible la rotación de la Tierra; los dos terremotos de magnitud superior a 9 de este siglo han alterado la duración del día una pequeña fracción de segundo.

Un terremoto de magnitud 15 implicaría la liberación de casi 1032 julios de energía, que es aproximadamente la fuerza gravitatoria vinculante de la Tierra. Dicho de otro modo, la Estrella de la Muerte causó un terremoto de magnitud 15 en Alderaan. (Referencia a Star Wars)


En teoría podría haber un terremoto más potente en la Tierra, pero en la práctica solo significaría que la nube de escombros en expansión estaría más caliente.

El Sol, con su alta fuerza gravitatoria vinculante, podría tener un seísmo de magnitud 20 (aunque definitivamente desencadenaría algún tipo de nova catastrófica).
Los seísmos más potentes del universo conocido, que se dan en el material de una estrella de neutrones superpesada, son más o menos de esa magnitud. Esta es aproximadamente la liberación de energía que conseguirías si llenaras todo el volumen de la Tierra con bombas de hidrógeno y las detonaras todas al mismo tiempo.

Nos pasamos mucho tiempo hablando de cosas que son grandes y violentas. Pero ¿qué hay del extremo inferior de la escala? ¿Existe algo parecido a un terremoto de magnitud 0?

¡Sí! De hecho, la escala llega hasta debajo de cero. Echemos un vistazo a algunos de los «terremotos» de baja magnitud, con una descripción de cómo serían si sacudieran tu casa.

Magnitud 0
Equivalente a un equipo de futbol americano arremetiendo a toda velocidad contra el lateral del garaje de tu vecino.




Magnitud –1
Como un solo jugador de fútbol americano chocando contra un árbol en tu jardín.

Magnitud –2
Un gato cayéndose de un tocador.

Magnitud –3
Un gato tirando tu móvil de la mesilla.


Magnitud –4
Un centavo cayendo de un perro.

Magnitud –5 y -6
Una pulsación en un teclado duro.
Una pulsación en un teclado ligero.


Magnitud –7
Una pluma solitaria cayendo al suelo.

Magnitud –8
Un grano de arena fina cayendo a un montón en la parte inferior de un pequeño reloj de arena.

… Y saltemos hasta:
Magnitud –15
Una mota de polvo a la deriva viniendo a descansar sobre una mesa.

A veces sienta bien no destruir el mundo para variar.
























Fuente:
"Qué pasaría si..." pp 414-420  autor: Randall Munroe  2014

Leia Mais…

martes, 22 de marzo de 2016

Una interesante relación entre dos temas distantes


¿Cuál es la relación entre una simple consumidora de droga y el descenso notable de la criminalidad en todo un país como EEUU?  La problemática inicial era la siguiente:

En términos generales los índices de criminalidad y delito a principios de los noventa en EEUU no paraban de subir y las previsiones a futuro eran muy desalentadoras. El culpable era el crimen. Así lo afirmaban todos los expertos, criminólogos, analistas, todos concordaban en su visión a futuro del tema:

Sabemos que tenemos alrededor de seis años para solucionar el problema de la delincuencia juvenil —declaró el presidente Clinton—, o el país se vería inmerso en el caos y la gente deberá aprender a sobrevivir en las calles de nuestras ciudades.

Y entonces, repentinamente, en lugar de seguir aumentando la criminalidad comenzó a descender. A descender y descender y descender aún más. La caída resultó sorprendente en varios sentidos: era omnipresente, las actividades criminales, en todas sus categorías, disminuían a lo largo y ancho del país; era constante, con descensos cada vez mayores año tras año; y completamente imprevista, sobre todo para los grandes expertos que venían prediciendo lo contrario en la prensa escrita y televisada.


La magnitud del cambio resultaba increíble. El índice de asesinato adolescente, en lugar de aumentar el 100% o incluso el 15% como habían advertido varios "expertos (), cayó más del 50% en cinco años. En 2000, el índice de asesinatos en Estados Unidos había descendido al menor nivel en treinta y cinco años. También lo hicieron los índices de todos los tipos de actos criminales restantes, desde las agresiones hasta los robos de coches.

Cuando se estableció la calma, cuando la gente recordó cómo seguir con sus vidas sin el apremiante miedo al crimen, surgió una pregunta lógica: ¿a donde fueron todos esos criminales?

Aun cuando los expertos no habían anticipado el descenso de la criminalidad —que, de hecho, ya se estaba produciendo cuando realizaron sus espeluznantes predicciones—, ahora se apresuraban a explicarla, () y producían una serie de hipótesis para explicar la caída del crimen. 

 La mayor parte de sus teorías resultaban perfectamente lógicas. La economía emergente de los noventa, argumentaban, ayudó a hacer retroceder el crimen. Fue la proliferación de las leyes para el control de las armas, decían. Era el tipo de estrategias policiales innovadoras que se aplicaron en la ciudad de Nueva York, donde los asesinatos descendieron de 2.245 en 1990 a 596 en 2003.



A continuación, clasificadas según frecuencia de mención, aparecen las explicaciones al descenso de la criminalidad citadas en artículos publicados entre 1991 y 2001 en los diez periódicos de mayor difusión, extraídos de la base de datos de LexisNexis: 


Estas teorías además resultaban alentadoras, porque atribuían el descenso de la criminalidad a iniciativas humanas específicas y recientes. Si lo que había acabado con el crimen era el control de armas y las estrategias policiales inteligentes, bueno, entonces el poder de detener a los criminales siempre se había hallado a nuestro alcance. 


Estas teorías se abrieron paso, al parecer sin cuestionamiento alguno, desde las bocas de los expertos a los oídos de los periodistas y a la opinión pública. En breve pasaron a formar parte de la sabiduría convencional.

Sólo presentaban un problema: que no eran ciertas.  (Toca mencionar que el autor analiza estadísticamente cada una de las posibles causas arriba mencionadas para llegar a dicha conclusión)

Entretanto, existía otro factor que había contribuido enormemente al extraordinario descenso de la criminalidad en los noventa. Había tomado forma veinte años antes e implicaba a una joven de Dallas llamada Norma McCorvey.

Como la mariposa del proverbio que bate sus alas en un continente y finalmente provoca un huracán en otro, Norma McCorvey alteró de forma espectacular el curso de los acontecimientos sin pretender hacerlo.

Lo único que ella quería era abortar. Era una mujer de veintiún años, pobre, sin educación, no cualificada, alcohólica y consumidora de drogas, que ya había entregado a dos hijos en adopción y ahora, en 1970, se encontraba de nuevo embarazada. Pero en Texas, como en casi todos los estados del país en esa época, el aborto era ilegal.

La causa de McCorvey fue adoptada por gente mucho más poderosa que ella. La convirtieron en la litigante principal en una demanda colectiva por la legalización del aborto. El demandado era Henry Wade, fiscal del distrito del Condado de Dallas. El caso llegó finalmente al Tribunal Supremo de Estados Unidos; para entonces, el nombre de McCorvey había sido disfrazado como Jane Roe. El 2 de enero de 1973, el tribunal falló a favor de la señorita Roe, permitiendo así el aborto legalizado en todo el país.

Aunque entonces ya era demasiado tarde para que la señorita McCorvey/Roe abortase: había dado a luz y entregado al niño en adopción. (Años más tarde renunciaría a la causa de la legalización del aborto y se convertiría en una activista pro vida.)



En lo que respecta al crimen, resulta que no todos los niños nacen iguales. Ni mucho menos. Décadas de estudios han demostrado que un niño que nace en un entorno familiar adverso tiene muchas más probabilidades de convertirse en un delincuente. Y los millones de mujeres con mayores probabilidades de abortar tras el caso «Roe contra Wade» —madres pobres, solteras, adolescentes para quienes el aborto ilegal resultaba excesivamente costoso o inaccesible— con frecuencia constituían ese modelo de adversidad. Eran esas mujeres cuyos hijos, en caso de nacer, tendrían muchas más probabilidades que la media de convertirse en delincuentes. Pero como consecuencia del caso «Roe contra Wade», esos niños no nacían.

Esta causa poderosa tendría un efecto tan drástico como lejano: años más tarde, justo cuando esos niños que no nacieron habrían alcanzado la edad de convertirse en delincuentes, el índice de criminalidad comenzó a caer en picado.


Recordando un poco: A finales de los sesenta, varios estados comenzaron a permitir el aborto en circunstancias extremas como violación, incesto o peligro para la madre. En 1970, cinco estados habían declarado legal el aborto y lo habían hecho ampliamente accesible: Nueva York, California, Washington, Alaska y Hawai. El 22 de enero de 1973, la legalización del aborto se extendió repentinamente a todo el país gracias al fallo del Tribunal Supremo de Estados Unidos en el caso «Roe contra Wade». El veredicto por mayoría, redactado por el juez Harry Blackmun, se basaba especialmente en las dificultades de la madre potencial.


El perjuicio que el Estado ocasionaría a la mujer embarazada al denegar su elección resulta evidente… cuando una mujer no desea tener un hijo, generalmente cuenta con buenas razones para ello. Quizás esté soltera o su matrimonio no funcione. Tal vez considere que es demasiado pobre para criar a un hijo, o que su vida es excesivamente inestable o infeliz, o que su adicción a las drogas o el alcohol dañará la salud del bebé. Quizá piense que es demasiado joven o que aún no ha recibido la educación suficiente. Tal vez quiera tener un hijo, pero en unos años, no en ese momento. Existen mil razones para que sienta que no puede proporcionar un ambiente familiar apropiado para criar a un niño sano y productivo.


El primer año después del caso «Roe contra Wade», en Estados Unidos abortaron cerca de 750.000 mujeres (lo que representaba un aborto por cada 4 nacimientos). En 1980, el  número de abortos alcanzó la cifra de 1,6 millones (uno por cada 2,25 nacimientos), momento en que se estabilizó. En un país de 225 millones de habitantes, 1,6 millones de abortos al año —uno por cada 140 norteamericanos— quizá no pareciera una cifra tan espectacular. Aun así, 1,6 millones de mujeres estadounidenses al año quedaban embarazadas y no tenían sus hijos.


Antes de «Roe contra Wade», las mujeres que podían concertar y permitirse un aborto ilegal eran predominantemente las hijas de familias de clase media y alta. Ahora, en lugar de un procedimiento ilícito que podía costar quinientos dólares, cualquier mujer estaba en situación de abortar con facilidad, a menudo por menos de cien dólares.

¿Qué tipo de mujer tenía más probabilidades de beneficiarse del precedente creado por «Rose contra Wade»? Con frecuencia se trataba de mujeres solteras, adolescentes o pobres, y en ocasiones las tres cosas al mismo tiempo. ¿Qué tipo de futuro podría haber tenido su hijo? Según un estudio el hijo típico que no nació en los primeros años tras la legalización del aborto habría tenido un 50% más de probabilidades de vivir en la pobreza que la media; también un 60% más de crecer con un solo progenitor. Estos dos factores —la pobreza en la infancia y las familias monoparentales— se encuentran entre los principales factores que permiten predecir que un niño tendrá un futuro criminal. Crecer en una familia monoparental aproximadamente duplica la propensión de un niño a cometer un delito. Al igual que tener una madre adolescente. Otro estudio ha demostrado que entre los factores que conducen a la criminalidad, el más determinante es el bajo nivel educativo materno.

En otras palabras, la multitud de factores que llevó a millones de mujeres estadounidenses a abortar también parecía predecir que si aquellos hijos hubieran llegado a nacer, habrían llevado vidas infelices y muy probablemente se habrían convertido en criminales.


No cabe duda de que la legalización del aborto en Estados Unidos tuvo miles de consecuencias. El infanticidio disminuyó de manera radical. También lo hicieron los matrimonios «de penalti» y el número de niños entregados en adopción (lo que ha conducido a un auge de las adopciones de niños extranjeros). Las concepciones aumentaron casi un 30%, pero los nacimientos descendieron un 6%, lo cual indica que muchas mujeres utilizaban el aborto como método radical de control de la natalidad.


No obstante, tal vez el efecto más drástico de la legalización del aborto, y que tardaría años en salir a la luz, fue su impacto en la criminalidad. A principios de los noventa, cuando la primera generación de niños que nacieron tras «Roe contra Wade» dejaba atrás la adolescencia —la edad en que los hombres jóvenes se introducen en el mundo de la delincuencia— el índice de criminalidad comenzó a descender. Lo que faltaba en esta generación, por supuesto, eran los niños con mayores probabilidades de convertirse en delincuentes. Y el índice de criminalidad continuó descendiendo cuando toda una generación alcanzaba la mayoría de edad sin aquellos niños cuyas madres no habían querido traer un nuevo ser al mundo. La legalización del aborto supuso menos hijos no deseados, los hijos no deseados suponen un alto índice de criminalidad; por consiguiente, la legalización del aborto supone menos crímenes.

No fue el control de armas o un fuerte crecimiento económico o las nuevas estrategias policiales lo que finalmente atemperó la ola de crimen en Estados Unidos. Fue, entre otros factores, el hecho de que la fuente de criminales potenciales se había visto reducida de forma drástica.

Ahora bien, cuando los expertos en la caída de la criminalidad (antiguos catastrofistas) relataban sus teorías a los medios de comunicación, ¿cuántas veces citaron la legalización del aborto como una causa?


Ninguna.














Los extractos textuales de esta historia fueron tomados del libro de recomendada lectura del conocido economista Steve D. Levitt titulado "Freakonomics" (en el que un economista políticamente incorrecto explora el lado oscuro de lo que nos afecta, tal como él mismo lo describe)

Leia Mais…

lunes, 17 de marzo de 2014

"Aviso a la Humanidad, manténganse lejos de aquí" ( tomado del libro de Antonio Martinez Ron)

Los sucesos a continuación son totalmente reales, sobre un problema (EL problema) relacionado con el almacenaje de desechos nucleares.
 

 *  Aviso a la humanidad: “¡Aléjense de aquí!”

“Éste no es un lugar de honor, lo que hay aquí es peligroso y repulsivo. Es mejor huir ahora”. Enterrada a 700 metros bajo el desierto de Nuevo México, la Planta Piloto para el Aislamiento de Residuos (WIPP) es una especie de monstruo dormido. Hasta aquí llegan los residuos transuránicos más peligrosos de EEUU, toneladas de basura procedente de plantas y armas nucleares que seguirán acumulándose en cámaras de hormigón hasta su cierre en el año 2070. Pero sus responsables son muy conscientes de que el peligro no habrá terminado hasta dentro de muchos miles de años.
“Nos pidieron que nos situáramos en el peor escenario posible”, nos cuenta el profesor Finney en conversación telefónica desde Hawái, “un futuro en el que ninguna de las lenguas actuales siga viva y que todo nuestro sistema cultural haya cambiado por la propia evolución o algún tipo de cataclismo. Y que transmitiéramos un mensaje muy claro: no excaven aquí, manténganse alejados”.
Ben Finney, antropólogo y especialista en cultura polinesia, es uno de los trece expertos seleccionados a principios de los años 90 por el Departamento de Energía de Estados Unidos para avisar a los hombres del futuro. Los elegidos debían diseñar un sistema capaz de transmitir la idea de peligro, de forma universal, durante un período de al menos 10.000 años. 
“Ningún otro grupo de humanos había recibido la misión de transmitir un mensaje a través de semejante valle de tiempo”, asegura Jon Lomberg, artista y colaborador de la NASA. “El problema es que necesitábamos un símbolo universal que no existe de forma innata en la mente humana”. “Un signo”, resume, “que pueda ser interpretado fácilmente por cualquier buscador o viajero que pase por el lugar en cualquier época”.

Los expertos se dividieron en dos grupos que después debían confrontar sus conclusiones. Una de las primeras dudas que surgieron fue la conveniencia de señalizar el lugar o dejar que pasara inadvertido.
El grupo A, al que pertenecía el antropólogo Ward Goodenough, llegó enseguida a una conclusión. “Pensamos que las imágenes por satélite acabarían revelando una anomalía en esta zona”, asegura desde su despacho de la Universidad de Pensilvania, “lo que daría pie a especulaciones y tal vez sería una invitación a excavar para encontrar una respuesta”. 
El grupo B, en el que trabajaron Lomberg y Finney, se decidió en el mismo sentido. “Imagínate”, argumenta Lomberg, “que los residuos empiezan a filtrarse a las aguas subterráneas y miles de personas se ponen enfermas. La planta está situada en una zona de minas, rica en recursos… Si alguien cava allí, merece saber el peligro que corre. Tenemos esa obligación con el futuro”.
Pero la prueba más contundente la tuvieron a las pocas horas de llegar al lugar. “Lo primero que hizo el Departamento de Energía”, recuerda Finney aún emocionado, “fue meternos en una furgoneta y llevarnos hasta un lugar del desierto, cerca del WIPP, donde el Ejército había detonado bombas nucleares bajo tierra unos años antes”. Lo único que marcaba el lugar, asegura, era un bloque de hormigón con una placa que había quedado ilegible. “Cualquiera podía ir allí y llevarse una piedra radiactiva a su casa. Aquello nos convenció de que debíamos marcar el sitio”.

La necesidad de saltar semejante barrera generacional conllevaba un montón de implicaciones técnicas y antropológicas. ¿Debía comunicarse con símbolos e imágenes o con palabras? ¿La arquitectura del lugar debía ser amenazante o discreta? Las conclusiones de los dos grupos fueron radicalmente diferentes en muchos aspectos, aunque partieron de unas mismas instrucciones. El mensaje, según el Departamento de Energía, debía comunicar algunas ideas básicas:
- Este no es un lugar de honor, no se conmemora nada ni hay nada valioso.
- Lo que hay aquí es peligroso y repulsivo. Es una forma de energía dañina para el cuerpo.
- El peligro está todavía presente en vuestro tiempo, y lo estaba en el nuestro.
- El peligro aumenta a medida que se desciende hacia el centro.
- No debéis alterar físicamente el lugar, es mejor que huyáis y que nadie habite aquí.
Para transmitir estos conceptos, el grupo A propuso generar imágenes que despertaran la sensación de horror y enfermedad, advertir de la presencia de algo maligno. En el grupo B, en cambio, consideraron que el lugar debía ser austero e informativo, una invitación amable a conocer la verdadera naturaleza del lugar. “Las tumbas de los faraones estaban llenas de figuras horribles que advierten de las consecuencias de violar el santuario”, explica Jon Lomberg. “Y sin embargo fueron saqueadas”. 
Se discutió sobre la universalidad de la figura humana, sobre los idiomas en que debía escribirse el mensaje y hasta del sentido en el que debían leerse los pictogramas. “Recordamos el caso de una mina de Sudáfrica”, relata Lomberg, “en la que un pictograma mostraba a un minero empujando una vagoneta vacía, recogiendo las rocas del camino y llevándoselas. Al cabo de un tiempo descubrieron que los mineros estaban atascando los túneles porque leían el pictograma al revés, es decir, de derecha a izquierda”. 
Tras decantarse por pictogramas que fueran leídos de arriba abajo (ninguna cultura lee de abajo arriba), estudiaron también las pinturas rupestres y la manera en que los mensajes de los humanos de otras épocas han llegado hasta nosotros. Incluso Carl Sagan, a través de su amigo Jon Lomberg, les sugirió que recurrieran a la señal de los piratas: la calavera y las dos tibias utilizada durante siglos como amenaza. Después de muchas discusiones, el signo fue descartado porque en algunas culturas orientales se asocia con enterramientos y monumentos funerarios. 

Sobre el material con que debía ser construida la estructura hubo consenso: no debía ser valioso, sino algo resistente y barato, para evitar la tentación de robarlo. Pero sobre la escala y la estética hubo discrepancias de fondo y soluciones muy diferentes. 
El grupo A propuso la creación de un sitio monumental, e incluso dibujaron diversas alternativas para marcar el sitio con todo tipo de megalitos puntiagudos y aterradores. “Creíamos que había que infundir miedo, poner todos los medios para evitar la intrusión en la planta nuclear”, asegura Goodenough. Sin embargo, los componentes del grupo B pensaban lo contrario: un sitio demasiado monumental podía provocar un efecto no deseado. “Queremos que la gente se aparte de este lugar”, argumentaba Lomberg entonces, “no que vengan de todo el mundo para verlo”.

El gobierno tiene el compromiso de ponerse manos a la obra hacia el año 2033. Una vez que la planta se llene de residuos nucleares, también habrá un plazo de cien años en que será vigilada por el ejército.  El proyecto incluye la construcción de un gran sistema de protección con varias torres de granito de diez metros de altura a lo largo de unos 6 kilómetros de perímetro. En el centro de la planta habrá una inmensa cámara con todo tipo de información en las seis lenguas oficiales de la ONU (inglés, español, ruso, francés, chino y árabe), además del navajo, la lengua de los nativos del lugar. En las paredes se esculpirán pictogramas repetidos en distintos idiomas para que actúe, según Goodenough, “como una piedra Rosetta” para los futuros visitantes. Y se repartirá la información sobre lo que contiene este lugar por todas las bibliotecas del mundo. 

“No sabemos si al final lo marcarán o no”, duda Ben Finney. “Ahí tienen nuestras propuestas y pueden usarlas o ignorarlas completamente”. Lo que tiene claro el viejo profesor es la conclusión a la que llegó tras aquella experiencia: “Aprendí que fue terrible desarrollar armas y plantas nucleares”, recuerda, “y que una vez desarrolladas no tenemos sitio para dejar los residuos”. “Tal vez”, sostenía Woodruff Sullivan en las conclusiones del proyecto, “el mensaje más importante nos lo dimos a nosotros mismos”. O tal vez, como asegura Jon Lomberg, aprendimos una lección aún más importante: “que no podemos proteger de su propia maldad a los hombres del futuro”.


 * Esta historia de ciencia está tomada del libro que recomiendo leer (se puede descargar legalmente por ahora)  titulado "Que ven los astronautas cuando cierran los ojos" de Antonio Martinez Ron.

Leia Mais…

jueves, 25 de abril de 2013

Coleccionista, mas no Conquistador.

Coleccionista, mas no Conquistador.

Comparto un fragmento de "El libro de los amores ridículos" de Milan Kundera, que tiene un poco de humor, ironía y verdad.  Algo entretenido en este tiempo de "baja productividad" en el blog.

Un grupo de médicos charlan, .......entre ellos uno se cree "Don Juan" :

" Uno de los médicos dice a otro que es un Don Juan, a lo que responde el médico jefe que el interpelado no es un Don Juan, sino la muerte misma, porque arrasa con todas. A lo que responde el seductor:

-Si me corresponde a mí decidir si soy Don Juan o la muerte, debo inclinarme, aunque a disgusto, por la opinión del jefe —dijo Havel y dio un buen trago—. Don Juan era un conquistador. Un conquistador con mayúsculas. El Gran Conquistador. Pero, por favor, ¿cómo puede uno pretender ser conquistador en un territorio en el que nadie se resiste, donde todo es posible y todo está permitido? La era de los donjuanes ha terminado. El descendiente actual de Don Juan ya no conquista, solo colecciona. El personaje del Gran Conquistador ha sido reemplazado por el del Gran Coleccionista, pero el Coleccionista ya no es, en absoluto, Don Juan. Don Juan fue un personaje de tragedia. Cargaba con una culpa. Pecaba alegremente y se reía de Dios. Era un blasfemo y acabó en el infierno.

»Don Juan llevaba sobre sus espaldas una carga que el Gran Coleccionista ni siquiera puede imaginar, porque en su mundo toda carga ha perdido su peso. Las rocas se han convertido en plumas. En el mundo del Conquistador una mirada tenía el mismo peso que en el imperio del Coleccionista tienen diez años del más intenso amor físico.

»Don Juan era un señor, mientras que el Coleccionista es un esclavo. Don Juan transgredía alegremente las convenciones y las leyes. El Gran Coleccionista no hace más que cumplir, con el sudor de su frente, las convenciones y la ley, porque el coleccionismo se ha convertido en algo de buena educación, en algo bien visto y casi en una obligación. (...)"

Leia Mais…